miércoles, 18 de febrero de 2009

Despierta! Exclamo la niña.
Ahí fue cuando el abrió los ojos.
Pero ella no se refería al acto de mirar, sino de ver, contemplar.
Mientras para ella el tiempo se escurría lentamente, las imágenes no se pisaban, se sucedían traslucidamente, el movimiento pausado de los parpados elevándose, las arrugas que se forman de un soplido, acostumbradas a sus formas, las pestañas amontonadas se separan, y se arriman a las cejas. Dentro del iris adormecido se graba la luz, las pupilas se dilatan, se convierten en esferas que traducen el retrato de la niña.
Solo unos segundos.
Y de repente todo vuelve a ocurrir, rebotando.
El silencio llena los huecos de sol.

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