miércoles, 18 de febrero de 2009

He dicho: "cierren los ojos y mutilen sus bocas".
El rey de los reyes reclama silencio. Eterno e inmune silencio
Mientras una niña improvisa palabras en su habitación.
Escondida vaporiza el aire con sonidos silvestres, mudos susurros salvajes, que duermen en el cause seco de un río.
Desconocidas, cada una de las voces se extinguen, cada una de las pupilas se cubren lentamente de parpados, frunciendo el seño con fuerza y angustia, o delicadamente como esperando soñar, las miradas se suprimen. Se apaga el mundo.
El momento en que cada una de las almas se lamenta la tragedia, y acepta con sutiliza y simpatía las decisiones apropiadoras de aquel hombre, que nadie conoce pero que todos respetan, sin cualidades, sin diferencias, sin siquiera un nombre, solo un titulo que se cuelga de los pechos de la reina, que permanece en silencio, con la tristeza entre sus manos, observando con los ojos ya sellados sus pies, ella imagina, un palacio distinto, cambiaria las joyas por flores, su trono por el abrigo del sol.
La niña por su parte permanece recostada en su cuerpo, revolcándose con sus reprimidos deseos, que no son mas que un par que guardo precisamente para un momento especial, ahora mientras todos interiorizados se pudren, ella juega inquietando su espíritu, se mantiene despierta, y aunque sus pestañas acaricien sus mejillas pálidas ella ve, con sus enorme iris miel una realidad que dibuja su propio ser. Puede oír claramente las melodías acercarse a sus oídos silenciados, se acercan transparentes como el agua que esconde peces de infinitos colores, la besan, y su cuerpo averdinado yace, carcomido por canciones que alguna vez escucho y que hoy construye mientras acaricia sus propias manos.
No tiene miedo, es el engendro de las pasiones escondidas, de las frustraciones matutinas, de los delirios clandestinos, atormentada pero tranquila, estampada de fantasías aplasta las mentiras con sus pies descalzos, las explota dejando una aureola de vacío. Anestesiada baila creando un paisaje de simples brotes, retazos de ella emparchan los orificios.
Fue en el momento que el dijo: “cierren los ojos y mutilen sus bocas” en el que la mayoría de las almas mueren, ligadas a padecer un castigo obligado pero elegido, hay otra porción que se lamenta por el tiempo perdido, descubriendo, imaginando lo que pudo hacer sido, las demás se elevan, no acatan las reglas, siguen mirando, escuchando y gritando, llorando y amando, experimentan, ríen, sueñan y jamás se olvidan de la moraleja: “el rey podrá hablar, ver y escuchar, pero nunca sabrá lo que es no hacerlo”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que puedo decir, simplemente que desde aquella vez que me mostraste lo que venias escribiendo, en una carpeta muy bien acomodado, ya hace unos tres años, te dije que esto es lo tuyo, la verdad es que lo haces muy bien, siempre tenes las palabras justas para decir lo que estas pensando, segui asi... Diego Dominguez.