Vivo en la espera que me oferta tu ausencia.
Enteramente dócil voy avanzando con las mañanas, mirando los ojos ajenos en busca de eso, que viaja con el aire, invisible se expande y se transmite como una avalancha de sensaciones que se incrusta en los cuerpos.
Siempre termina volviéndose tarde, pero ningún punto final sale a relucirse, por la mitad se parten los caminos por donde transitan las voces.
Deseando la próxima vez mi juventud se amontona a hablar con la libertad.
En un rincón violeta una pena interviene la armonización desorientando al silencio que yace mutilando canciones.
Basándome la frente profecías incoherentes, se envejecen de un suspiro extinguiéndose en el encuentro, que se produce entre mis yoes internos.
Mis polos opuestos, mis deseos, mis ancestros, mis secretos eternos, mis enfermizos recuerdos, mis paisajes de invierno, mis agonizantes intentos de correr entre los versos.
miércoles, 18 de febrero de 2009
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