miércoles, 3 de diciembre de 2008

De paseo - 2008.

Cuando nos distrajimos. Estábamos fundidos en un húmedo suspiro de madrugada,
Levitamos sobre un viscoso océano transparente infectado de multicolores y extraños peces.
Una sirena contaba las cuentas verde esmeralda que abrigaba su cabello, tendida sobre una roca averdinada gemía, cantaba, observaba con sus sedosos ojos, la inmensidad acuática, con las criaturas submarinas que se incrustaban en la extensa marea hídrica. Gritaba sus penas de amor, sus medievales cuentos de invierno, exclamaciones extrañas se desprendían de sus acarminados labios de crustáceo. Desaparecimos justo en el momento que ella me miro los pies. Y entre berborragicos intervalos llegamos al infinito, un especulado sistema de reglas, que no queríamos abrazar, un temible y carcomido disfraz nos ordenaba que acomodemos los cubos de azúcar en una gigantesca montaña, respetando las formas, respetando las medidas, respetando todo lo que a el se le ocurría, pero que puede ordenarme a mi un simple y falso disfraz, sin cabeza, sin cuerpo, sin ojos, sin boca, sin colores, sin nada, porque solo es un pedazo de ficción que se mueve de aquí para allá haciéndose respetar por los que llegan, que será esa pedazo de nada invisible, que sin nada físico tampoco puede transgredir los pasajes de tiempo y espacio, ni siquiera gozar de una boca saboreando la de el, ni de sensación alguna, ni sentimientos, ni sueños, no experimentando absolutamente nada, como puede hacerme cumplir a mi con sus aborrecidos mandados?. Después de ese discurso interno entre nuestras almas ya fisuradas por el cansancio, decidimos atraparlo, lo pisoteamos, nos reímos de el, los apretujamos, los baboseamos, los vomitamos de sermones inventados, lo rayamos, le escribimos las plegarias que el nos debía brindar, como dioses superiores que vienen a coronar a un extraño sujeto con nuestras palabras, de pronto volvimos a la superficie, y quien dice que el agua no macha? Llegamos arrastrados por almidonadas y suaves olas a la orilla, nuestros cuerpos estaban teñidos con estampados burbujeantes, de tornasolados colores y ya no teníamos que obedecer a nadie.
Nos miramos durante un largo rato. Y no recuerdo mas nada de lo que paso. Solo minutos antes de comenzar mi viaje, cuando te invite y no me respondiste. Que lastima, la pasamos muy bien.


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