miércoles, 3 de diciembre de 2008

Delviaje - 2008.

Despierto, lentamente escarbo el almíbar de mis pestañas y me voy a naufragar sobre un pez almidonado que escupe corazones de jalea rosada con sabor a frambuesa, recorro un océano de fluida miel en busca de una gran estrella incrustada en la profundidad, sobre una gran alfombra confitada de múltiples colores marinos, quiero arrancarla, subir a la superficie, donde mi pez desprenda amplias alas acarameladas, volar por el cielo, entre nubes de algodón azucarado, jugar con ellas un rato, y luego deslizarme por un arco iris resbalosamente gelatinoso hasta llegar al el sol, que ya no es fuego sino un suave y vistoso terciopelo, que desprende luciérnagas que brillan al ritmo de una hermosa canción, abrazarlo y a su lado abotonar esa gran estrella robada, para que juntos empapen los demás astros de sustancias dulces, mientras yo me derrito hasta convertirme en humo tornasolado.

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