Bueno. El momento se acerca y yo sigo tan aislada de lo real que siento caminar en el aire, no se por una especie de nube gaseosa, pero a la vez siento las piernas débiles y fuertes, camino, sin saber que lo hago. el momento esta llegando y yo así, sin poder casi respirar, sintiendo lentamente la brisa en mi cara iluminada por la luz de una gran luna, demasiado plateada para estas zonas, mi abrigo es demasiado pesado, robusto quizás, no se si le gustara mi aspecto, quizás le parezca demasiado tenebroso, escandaloso, desorganizado o puede ser que le parezca desalineado, pensándolo bien quizás no piense nada, ni siquiera me vea, ni sienta que estoy presente, puede ocurrir que hasta se burle de mi o se enamore, o que me invite a navegar por la neblina y después a bucear entre las golondrinas del parque, a dormir en la calle, a cortar el pasto de la catedral, a patear carteles, a abrirle un caramelo, a mirar por un espejo o no invitarme a nada y solo robarme y llevarme quien sabe a donde, raptarme, asesinarme, pisotearme, hipnotizarme, amarme, besarme, desatarme, enroscarme, beberme, enloquecerme, destrozarme en fuckin pedacitos y tirarlos en un agitado rió de abrazos tornasolados en una mañana demasiado amanecida para dos eternas almas perdidas, descarriadas, un poco mezcladas, un poco actuadas, un poco nada.
El momento llega y yo así con la cabeza a mil. Que no dejo de pensar, de especular, que medito cada centímetro de palabra que se escurre en cada segundo.
El momento se acerca y yo tiemblo otra vez, no dejo de agonizar pero me siento tan bien, mis manos pueden contornear singulares figuras en el cielo, y puedo moldearlas, sentirlas, cambiarles el color, ponerles mucho, hacerlas volar, girar, doblar y hasta hablar, tengo el poder de sonreír con la boca mas gigante que se puede haber visto jamás. Pero el momento se acerca y yo. Y yo silbo una canción. Y dos payasos me llaman la atención con muecas violentas en un semáforo acaramelado, me detengo. Solo a dar un suspiro. Y es un suspiro infinito, un eterno suspiro azul que recorre todo mi cuerpo, que sale de mis poros y se vuelca al piso, desemboca por una canaleta que esta bajo mis pies estancados, se va por ahí, como una especie de liquido o secreción internamente pura, se va recorriendo la ciudad por las tuberías, entre el subsuelo callejero que nunca vemos, rápidamente llega hasta la catedral, se enrosca como una enredadera por sus paredes, mancha las gárgolas poseídas, viste la torre de extrañas tonalidades y se estampa en el reloj, apurándolo un poco. Las campanas suenan. Y yo sin casi poder reaccionar escuchando cada estruendo metálico corro desorbitada hacia ese lugar, llego y el momento se escurrió, con mi sombra que quedo varada jugando a ser payaso mientras que yo ahora sin momento no soy nada.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
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