El muerto se viste de hombre
Se cubre los ojos con violáceas flores
Fisura sus huesos y espanta a su sombra
No es mas que cuerpo, tan suave y tieso
como su oscura voz en las noches de desvelo.
Aparece, ciego y despierto
Con perfume a olvido
Esconde sus alas peladas
Detrás de su abrigo de pana gris.
Golpea mi rostro con sus besos de anís
Danza sobre mi mutilado cuerpo
Me empapa con su veneno ancestral
Y me deja.
En este umbral de recuerdos
En esta resurrección de mentira
Con el sol en el cielo
Con el corazón desértico
entre el vacío la espera,
las mismas líneas repetidas
que se desgranan con el tiempo
que se ablandan con el deseo
que me aplasta, que me quema
que impugna mis seres tornasolados
me vuelvo pequeña
como un gusano que estrangula una manzana
el silencio se expande
teje telarañas sobre mi piel inmaculada
tan agria y gastada que parece no existir
soy vacío, donde las almas negras
se ponen a discutir.
Delirios de otoño, otra vez
Otra vez vos
Dulce tristeza que amarra mis días
Que tiende mis sabanas
Para que mi inocencia se revuelque a agonizar.
Sigo esperando,
Sigo creyendo y odiando
Olvidando y recordando
Tus sabores diurnos que encandilan mis razones.
Te pienso y apareces
En un segundo azul que se escabulle
Te busco y te encuentro
Detrás de las puertas de mi envejecido templo
Ahí estas, frente a mi
Con tu aspecto repetido
Con tus agujas preparadas
Con todos tus yoes
Conmigo.
Y otra vez llega el momento
Donde se arruga mi espera
Se vuelve escarcha mi verdín primular
Se llena de mariposas oscuras el lugar
Y cierro mis ojos hastiados de mirar la noche solitaria.
Para luego abrirlos y volver a esperar
Que vengas a enrojecer a esta loca sonrisa
A delinear esta pena crucificada sobre humo
A acariciar a este sonámbulo deseo de volverte a encontrar.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
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