Cuanto más lejos debes estar, cuanto mas cerca.
Afuera llueve, acá dentro también.
El agua limpia, aclara.
Al pensar en la ausencia una sensación extraña se escurre dentro mío, es como si el alma se me aflojara y quedara suspendida en el vacío, luego se desploma, cae y cae, sin llegar a tocar fondo.
Recostada observo las sombras que desfilan en el techo, como la primer mañana de aquel mayo, donde nuestra imaginación se enredo con ellas tejiendo mariposas negras, que como huellas se desprendieron de tus pies en cada paso y se estamparon en toda la habitación.
Después un cuento de los buenos días abrió la puerta y todos se marcharon.
Antes de cerrarla estire la mano con un movimiento disimulado y acompañada de un suspiro metí una mariposa en el bolsillo.
Ahora esta conmigo junto al sonido de los truenos y de los grillos, junto al humo del cigarrillos, a mis ojos perdidos, que piensan en el tiempo, en las despedidas, en la lejanía, que no existen mas que para quien las quiere pensar, padecer o celebrar.
Hoy me vierto a la espera desesperada de no esperar nada.
Y dejarme fluir como la noche.
Cuando llegue la mañana desde mi balcón extenderé un brazo hacia el vacío y arrojare a la mariposa a jugar con el viento, hasta desaparecer.
miércoles, 14 de enero de 2009
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