Casi recostada en el viejo asiento.
Con sus ojos postrados en la ventana.
Observaba el cielo. Los carteles.
No observaba nada en realidad.
y en sus oídos se escurrían canciones anticuadas.
Ella pensaba.
En cotidianeidades.
En el momento.
Intentaba olvidarse de esa masa de cosas que solían hacerle mal.
Lo intentaba.
Ella tenía el poder de transformar las sensaciones.
Pero saben que?
Todas se multiplicaban cuando se estampaban en ella.
Podía verse a ella misma en el reflejo del vidrio.
Cuando las luces del autobús se apagaban para darle paso a unos minutos de ruta.
Jugaba con sus manos, siguiendo las melodías, se observaba.
Se veía bien.
Tenía todo lo que deseaba.
O lo que no deseaba pero estaba.
Y eso. Agradablemente la hacia feliz.
Sus ojos enrojecidos. Música. Dulces. Estrellas.
Flores en su piel. Colores en sus pies.
Los bolsillos repletos de palabras y juegos.
La noche se sucedió.
Cortocircuitos.
Deseo.
Risas.
Calambres.
Frió.
Fulgor.
Amor.
No.
Roces.
Lagrimas.
Besos.
y el sol la sorprendió rociando su pelo.
Extremidades dormidas.
Y una sonrisa.
Fingida.
Cómplice.
De la mentira que se escapo por la cerradura de la puerta.
Casi muerta.
Renacía.
Mientras sus ojos se entre abrían.
Sabiendo que su libertad no era mas que un puñado de mariposas.
miércoles, 14 de enero de 2009
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