La puerta se abrió. Como se abre todas las veces.
Yo bailaba una vieja canción en una tardecita azul de las tantas que habitaron el 3ñ.
No deje de bailar. Tampoco mire tus ojos.
Porque sabía lo que pasaría.
De los tantos seres que suelen visitarme, uno solía premeditar situaciones que iban a ocurrirme.
Voy a regresionar a unos cuantos meses atrás.
Rebobinar el tiempo.
El vació solía ser inhumano conmigo, si vació y mas vació. La solead una huella digital muerta en el vidrio empapado de mi ventana y ruborizada una extraña sensación que se acumulaba en mi, una intención de espera, de búsqueda prematura. De algo.
Por las tardes solía salir a caminar bajo el sol, escuchando canciones, lo mismo por las noches, observando las estrellas y la luna reposar en el cielo.
Salía buscando. Esa intención se convirtió en deseo y de pronto ya era monotonía.
Así aprendí a mirar los ojos de las personas, para encontrar eso que necesitaba, para encontrarme.
Pero lo único que veía eran iris y pupilas. Lo que ven todos. Lo que todos tenemos.
Hastiada de eso ya no buscaba quizás. Y de hecho todas las calles, paisajes y seres no eran mas que pancartas o escenografías prestadas para mi paseo.
Regresemos al momento en que se abre la puerta y yo me encontraba bailando desorbitada, y aunque sabía que debía mirarte a los ojos, no lo hice, por primera vez no lo hice.
Porque sentí tu llegada, tu presencia encantada, mágica y ancestral aparición de un ente inmaculado en ridiculez, en desesperanza, carcomido por alucinaciones.
La premonición anticipada de un alma vigila, era correcta.
Y evite tus ojos, hasta el momento indicado.
Y ese es el instante ilustrado en que todo se detiene.
Se hace hielo, se evaporan los sentidos, se disimula la desesperación visual, táctil, anfibia consiparacion contra mi enmudecido corazón, que jamás soporto la pulcra palabra amor.
Ahí. Justo ahí., me enamore. De un ser que no conocía. Pero que tampoco necesitaba conocer.
Fue como volver a otra vida. Y anda a saber en cuantas fui ceniza de tu cigarrillo, o la tiza que escribió sobre tu piel un triste refrán, fui escarcha, pelo, o una nube que robaste al pasar. Pude haber sido, mas que una cosa, situación, quizás fui una estación que te encontró arrojando palabras al rió. Tu ego perdido, tu sombra dormida, una conspiración asesina o un mudo suspiro matutino.
Yo creo que fui madrugada, contemplando el verdín de tus aguas y el roció de tus flores silvestres. Aunque pude haber sido nada. La nada misma envuelta en un paquete de regalo. Tu saliva. O simplemente vos. Ahora soy, este punto final.
miércoles, 14 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario