Vienen. Bajando como viejos soles de atardecer, tus palabras.
Apuradas, algo gastadas, salpican de miel mis labios pintados.
Holgadas melodías se desprenden de mis pies, se escurren en el piso, se chorrean por las paredes, lentamente se amarran a las flores plásticas que descansan embalsamadas en un rincón azul.
Extraño momento, sensación de mil seres, se retuercen adentro mío, me vomitan, entorpecen el destino de mis ojos y el umbral de tu sombra me vacía, me desgrana dejándome escarcha en la piel.
Despacio, mis ojos se cierran, invaden mi cabeza extraños bichos algo viscosos, de fluorescentes colores, roedores disfrazados, se escapan por el silencio de mi boca y provocan una lluvia almidonada, casi inventada. Recibo el día, con mi pelo cubierto de burbujas, multicolores prismas aguados. El sol encandila la arruga de mis dedos, cuando rozan la tibieza de un cielo nuevo.
miércoles, 14 de enero de 2009
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