miércoles, 14 de enero de 2009

pensario.

Frágil, tan fantasmal como ordinario, yace el otoño dormido entre mis peces. El reloj se vuelve viejos y las claras melodías se entorpecen en el cajón. Miles de notas sonando a la vez, nada real, nada casual. Pero vuelvo y descanso entre mis manos y pienso, en los puntos para tejer, en los buses escolares, en los pliegues de un acordeón, en el aplauso de las focas, en el chiflido de la pava al hervir, en los caballos de las calesitas, en el lago artificial, en las medias de nylon, en los saquitos de te usados, en la pana de un billar, en el olor a café, a pororó, a jazmín, a sándalo, a tierra mojada, a marihuana, pienso en el sonido de los rayos de la bicicleta, de mascar chicle, de las bolsitas infladas que traen los electrodomésticos, de un xilofón, de los dedos, del agua, de un cigarrillo encendiéndose, de las teclas de una maquina de escribir, de las ranas, en el abecedario. Y después de pensar, vuelvo a existir y vuelvo a mirar el cielo buscando la estrella que esta por caer, así pido paz, pido amor, y te pido a vos.

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