miércoles, 14 de enero de 2009
hoy.
Ahora estoy sentada frente al rió, mirando los barcos pasar bajo un puñado de nubes, algunos dicen que llevan cargamentos al puerto, pero que llevan esos grandes barcos que navegan tranquilos por el Paraná? Tal vez no lleven nada y quizás sus tripulantes, viejos marineros con arrugas en la frente y rostros tranquilos que observan la ciudad al pasar, sea lo único que esos grandes transportadores marítimos contienen, no lo se. A través de un vidrio puedo observar un pequeño velero, ahí, en el medio de esa inmensa masa de agua oscura, dirigiéndose a la isla donde reposan una gran cantidad de árboles, como será del otro lado? Aquí, a las orillas hay pescadores, que esperan, llenos de paciencia, los niños corren por el pasto, mientras las parejas se toman de las manos para mirarse a los ojos, otros prefieren sentarse, como yo, en esta gran escalera de piedras, a pensar, o simplemente a observar el cielo. Y entre este gris sábado brillan barriletes de hermosos colores esperando un alma solitaria que los haga volar mas alto, para regalarle una sonrisa. La brisa hace girar los molinetes tornasolados, son bellos, tan bellos como la melodía que despide el carrito de prealineé, con su dulce perfume a quermés, que me transporta a otro lugar. Detrás de mi una inmensa extensión verde, luego los artesanos que posan sus paños en la angosta vereda, exhibiendo lo que sus mentes y manos crearon. Y yo, acá estoy, sintiendo todo lo que sucede, pasando el tiempo con palabras, escuchando las armonías tristes de un piano. Pienso o tal vez no, quizás me quede aquí o quizás encienda un cigarrillo y salga a caminar. Ahora el sol descansa tenue sobre mi espalda.
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